jueves, 2 de junio de 2011

cultura de la amazonas

Cultura

Culturas Indígenas

Los Piapoco

Se encuentran diseminados en pequeños grupos a lo largo de la frontera con el Guainía de Colombia y el Izana de Brasil. Por su idioma son de origen Arawaco, comprenden los 1.291 habitantes en Venezuela. Característico de ellos es lo bien organizados con sus comunidades y lo bien elaborado y abundante de sus artesanías.




A las cinco de la mañana, en medio de una tenue llovizna que hace ver aún más fantasmal al pueblo, es la salida desde Puerto Ayacucho. Vamos hacia el puerto de Samariapo, sesenta kilómetros al sur, en la margen izquierda del Orinoco. El sol nos alcanza llegando a las orillas del Río Padre.



La lluvia ha estado sembrando de troncos y objetos flotantes de todo tipo la corriente. El motorista navega con ojos acuciosos, sabe que entre la vida y la muerte hay un hilo muy delgado, el menor error lo pagará caro, conoce que en su pericia van nuestras vidas. El Orinoco no sabe de juegos.

Los Puinabe


Nativos de la región colombiana de la hoya del Guaviare, son independientes. Han ingresado a Venezuela por la zona de San Fernando de Atabapo, ubicándose algunos de ellos en el Atabapo, otros se han extendido Orinoco arriba desde la boca de Atabapo hasta la boca del Ventuari, y por último en Manapiare y cerca de Puerto Ayacucho, completando un número de 665 habitantes. Sus comunidades son muy ordenadas y limpias.

Curripaco

Originarios del río Guainía, Colombia, pero paulatinamente se han venido extendiendo al estado Amazonas por las cuencas del Guainía y el Atabapo, encontrándose familias de este grupo en casi todos los sitios de los ríos mencionados, así como en el Orinoco hasta el Ventuari. Se les agrupa como Arawacos. Se encuentran en número de 2.585 asentados en tierra venezolana; se movilizan con facilidad.

Baniva

Actualmente están reducidos a Maroa y sus alrededores, ya se han transculturizado y cruzado con los pueblos vecinos; algunas familias se han ubicado en San Fernando de Atabapo y pocas han llegado hasta Puerto Ayacucho, así como también Orinoco arriba en Trapichote, Macuruco, Liratare, La Esmeralda, Gallo, Laulau. Pueden tener unas 1.192 personas muy diseminadas. La célebre vía Yavita-Pimichín o camino de la montaña, donde murió el sabio Michelena y Rojas y por donde también pasó Humboldt, también es considerado territorio Baniva.

Entre los Caciques que se recuerdan de este grupo están: Maruwa, Yavita, Tucuparí, Yabinape, Payema, Uachúpiro y otros.

Warekena

De este grupo étnico quedan en la actualidad pocas familias sobrevivientes, 420 habitantes viviendo en condiciones precarias en los pueblos de Guzmán, las Isletas y Maroa, principalmente.

Baré

Este gran pueblo habitó ambas márgenes del Río Negro, desde el caño Tirinkín (Guainía). Bajando hasta cerca de Cucui, en Brasil. Las poblaciones de San Carlos, Santa Rosa de Amanadona, Santa Lucía y otros sitios allí ubicados, fueron fundados por gentes de esta raza inteligente y trabajadora, como el Cacique Remigio Tapo, fundador de Buena Vista en el Casiquiare, Rosa Laya en Tirinkín, Joaquín Bolívar, Cacique y brujo famoso en Santa Rosa de Amanadona, Carlos Mabajate en Santa Cruz, Atabapo, etc.

Parece ser que en el río Xie, Brasil, paralelo y al oeste del Río Negro, queda un grupo que se mantiene bastante puro, conservando además su interesante idioma. Se calcula que hay 1.136 habitantes aproximadamente en la Hoya del Río Negro y en poblaciones alejadas como San Fernando de Atabapo y Puerto Ayacucho.Sus culturas están muy intervenidas y casi desaparecen ante el impetuoso avance de la civilización.

Entre los grupos aborígenes que pueblan la parte Norte del Amazonas tenemos:

Yabarana

Este grupo que en otros tiempos ocupó el inmenso territorio desde el bajo Ventuari, los valles altos de Manapiare en la cuenca del río del mismo nombre, hasta límites con el Estado Bolívar, ha quedado reducido a pocas familias -237 habitantes-, ubicadas en los ríos Parucito y Manapiare, también en la población de San Juan de Manapiare.

Están bastante mezclados con los Piaroa de esa zona, cuyo idioma también hablan. Su mitología es de una belleza imponderable. Este pueblo, cuyo idioma hace que lo agrupemos entre los Caribe, durante siglos ha mantenido luchas pacíficas y también violentas para sobrevivir; primero contra los Caribes, contra tratantes de esclavos aliados de los piratas holandeses; por si fuera poco, en los primeros años del siglo XX fueron muy duramente tratados cuando estuvo en su apogeo la explotación del caucho y el balatá.

Piaroa


Nación de unos 11.915 habitantes, su admirable vida primitiva transcurre entre la caza, la pesca y la recolección; desarrollan una agricultura de subsistencia por el común método de conucos, aunque en los últimos años están incrementando la producción agrícola y artesanal -la cual es muy solicitada- con fines comerciales, especialmente, aquellos grupos que habitan en las cercanías de centros de consumo, como San Juan de Manapiare y Puerto Ayacucho. Son notables cazadores, teniendo fama como fabricantes del mejor curare con que envenenan los dardos de sus cerbatanas.

Ocupan un extenso territorio, toda la serranía de Sipapo incluyendo las hoyas del río Sipapo, ríos Marieta, Camani, Manapiare, como también los ríos Parguaza, Suapure y Cuchivero del Estado Bolívar. Este grupo ha sido muy diezmado por el catarro y otras complicaciones bronco pulmonares que han hecho desaparecer aldeas enteras. Son fieles observantes de las estrictas leyes naturales y sus arraigadas creencias religiosas. Ellos se llaman Deyarwa, gente de la montaña.

Es característica la casa comunal o shuruata, considerada como una verdadera obra de arte en su arquitectura primitiva, es un cono de redondeadas y armoniosas líneas, cuya base ancha descansa directamente en el piso, con solamente una puerta y una claraboya en el techo, construida toda con sólo madera, hojas de palmeras y bejucos o lianas, se dice que es cerrada como la sicología de este pueblo introvertido y pacífico por excelencia.

Maco

Parientes de los Piaroa, se llaman Uirú y prácticamente están siendo absorbidos por aquellos; hablan una especie de dialecto Piaroa. Los encontramos diseminados por los afluentes del Ventuari: Guapuchí, Yureba, Parú, Iamara, Marueta. Aunque muchos cuentan a algunos Maco como de la tribu Piaroa, se calcula que aún quedan unos 300.

Hoti / Joti

Conocidos también como Chicamo, Schicana, Yuana y Waru-wa-ru constituyen un sólo grupo que se autodenomina Hoti, que significa “persona“con sentido individual y “pueblo” en contraposición con otros grupos. Los adultos se nombran “udi” que quiere decir “grande”. Viven al suroeste del Estado Bolívar y el noreste del Estado Amazonas. Son cazadores, recolectores y conuqueros, cultivan plátanos y maíz. Tienen paravientos por vivienda, cubiertos con hojas de platanillo de cucurito. Disponen del temible curare. Son muy buenos artesanos: hacen ollas de barro, tejen guayucos y chinchorros; realizan trabajos en madera, fibra y corteza de árbol, bambú, piel, semillas y conchas. Su número se calcula en unos 661 habitantes.

Makiritare

Este grupo étnico de origen Caribe, denominado más propiamente Ye'kuana, es ahora un pueblo pacífico, pero su historia relata también heroicas luchas libradas en defensa de su territorio y de su libertad, contra los Conquistadores, contra otros grupos Caribe y aún contra los Waica en épocas más recientes.

Se llaman a sí mismos Deyaruá que quiere decir “señor dueño de la selva”. De acuerdo con Johannes Wilbert, se conocen tres subtribus de los Makiritare: “Los Mayoncon del Paragua y Caura, los Ye'kuana del Erebato y Ventuari y los Cunuhana del Cunucunuma”. Según el censo de 1992 se les calcula en 3.632.

Viven en los estados Bolívar y Amazonas esparcidos a lo largo de los ríos Ventuari, Amazonas y Caura, así como en los tributarios. Entre sus oficios más resaltantes está el de fabricar famosas embarcaciones de una sola pieza (curiaras o bongos); un bongo de un árbol grande puede medir 20 m de largo, con una capacidad de unas 10 toneladas; en sus cuadrillas de fabricantes de canoas, dicen que están los más hábiles curiareros del Amazonas, verdaderos maestros.

Pueblo de gente muy fuerte, hacen travesías por selvas y ríos que duran hasta seis y más meses caminando intensamente, de esta manera visitan los lugares más lejanos.

A la cualidad de grandes navegantes se agrega la de ser habilísimos comerciantes. Los que habitan río arriba mantienen menos contacto con la población criolla, que los que habitan río abajo.

Son pescadores y cazadores superiores, recolectores y agricultores de corte y quema, hacen casabe -tortas de harina de yuca amarga-, poseen el famoso curare, fabrican cestas.

Son individuos verdaderamente robustos al igual que sus mujeres; pueden llevar por las más intrincadas selvas sin caminos, durante muchos días cargas sobre sus espaldas de 40 a 50 kgs.

En el territorio Maquiritare están dos de los montes más altos del Amazonas: el Duída y el Marahuaca, considerado hasta ahora como el Monte Sagrado de este pueblo.

Guahibo

Estos aborígenes que se autodenominan Hiwi, están esparcidos por ambas márgenes del Orinoco, desde el límite norte del Estado Amazonas, hacia el sur muy cerca de San Fernando de Atabapo. Un poco más tierra adentro los encontramos ubicados en el poblado La Coromoto mezclados con criollos, en isla Ratón, y un grupo que desde hace años se desplazó hacia Manapiare, el cual se ha aumentado en los últimos años con gente del mismo Orinoco y también del río Vichada en Colombia, ocupando ya tres comunidades en esa región del Manapiare.

Una parte de los Hiwi son nómadas y otros sedentarios; los nómadas viven de la recolección, la caza con arco y flecha y la pesca con cestas y redes, anzuelos y barbasco; los asentados en caseríos son agricultores por encontrarse este pueblo dentro de lo que se califica como “área de la yuca”, éste es su principal alimento.

Entre los insectos con que enriquecen su dieta de proteínas, están las langostas de tierra que son muy abundantes al comienzo del verano y se las comen asadas a la brasa. Uno de sus condimentos famosos es la “catara” con cabezas de bachaco y ají picante, dentro del “yare” o zumo muy hervido de la yuca. Para mitigar el hambre y el cansancio, mascan la corteza cocinada de un bejuco, el capi Banisteria caapi; lo usan solo los hombres y según la cantidad ingerida, les quita el hambre, les produce mareos o da sueño, que “hace ver cosas muy bonitas y a veces muy feas”, dicho por un Guahibo. También usan el “yopo” que absorben como sus vecinos los Piaroa. La fibra de cumare es muy utilizada por ellos para fabricar cuerdas, mecates y chinchorros muy duraderos.

Este grupo por su cercanía a la creciente capital Puerto Ayacucho, ha sido víctima de la explotación, por ser la mano de obra peor pagada de la ciudad, constituyendo el naciente cinturón de miseria que la está rodeando. Se calcula una población de 11.913 individuos.

Yanomami

La gran nación Waica ocupa toda la hoya del Alto Orinoco a partir del río Padamo, las cabeceras del Siapa y estribaciones de la cordillera de la Neblina, la hoya del alto Ventuari y también se extiende por Guayana y Brasil. Esta nación repartida en un inmenso territorio, toma diferentes nombres según la región ocupada: Waicas los del Orinoco, Guaharibos los del Padamo-Continamo, Shamataris en el río Mavaca y parte del Brasil, Shirishiana en el alto Ventuari.

Son un pueblo numeroso, unos 15.193, según censo de 1992, ubicados en más de 150 comunidades. Cada comunidad vive en un shapono, que es la casa comunitaria donde viven varias familias, éste se hace después de haber abierto un conuco y cuando se tiene la garantía de que se puede asegurar la alimentación, casi siempre se construyen a la orilla de un río o caño. Los Shaponos reciben el nombre de un río, de la montaña, el raudal o de algo que hay en abundancia donde se hace el conuco y luego la vivienda.



Tiene este admirable pueblo ciertas costumbres que no son comunes a otros grupos, entre otras podemos recordar la de incinerar a sus muertos e ingerir, mezcladas con bananas molidas, en sentida y colectiva ceremonia funeraria, las cenizas de sus muertos, pero sólo la de sus huesos, donde creen que reside una energía vital, un fluido que en esta forma reintegran al grupo familiar.

Andan completamente desnudos, usando únicamente como adorno, un cinturón tubular los hombres y un pequeño fleco las mujeres; usan arcos y flechas de descomunal tamaño, con las puntas y dardos intercambiables según las necesidades del momento.

Usan chinchorros de bejucos o lianas de muy rara construcción; no usan bebidas fermentadas, solamente hechas de bananas maduras; chupan un rollo de tabaco preparado con cenizas, que colocan entre el labio inferior y los dientes, no fuman.

Es usual el afeite o tonsura -coronilla rasurada en la cabeza- estilo capuchino que favorece la exhibición de cicatrices que son muestra de valor y madurez, crea una tierra de nadie para los parásitos y si se quiere es un símbolo de la luna de la cual ellos se sienten hijos.

Como adorno las mujeres utilizan unos palitos que atraviesan en el tabique nasal y en las comisuras de los labios; sus pinturas corporales son de diseños diferentes a otras tribus.

Las fiestas y los bailes son de varios días festejando las cosechas del pijiguao o pupuña; carecen de instrumentos musicales excepto el palo zumbador, que zumba como el habalo, una avecilla divina, que tiene funciones míticas, toda su música es vocal.

Su idioma se les clasifica lingüisticamente como independientes.

Generalmente tienen una estatura pequeña, principalmente las mujeres, que apenas alcanzan los 1,50 m; en cuanto a su color son un poco más claros que los componentes de otras tibus, llegándose a decir que son indios blancos.

No son como sus vecinos Makiritare tan buenos navegantes, pero se les considera hombres de la selva, por la cual se desplazan con toda libertad en sus varias actividades. Para atravesar los ríos usan balsas desechables y tienden puentes de bejucos y palos.

 Disminuyen en población, llegando algunos hasta la desaparición, los admirables Yanomami se conservan como el pueblo aborigen más numeroso del Amazonas.

 

Amazonas

                        


                                                                                

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Haga clic sobre la imagen para abrirAnaconda (Foto Juan Carlos Llorente)


Yanomami de alto orinoco  "parima b"
                   Dieta del Yanomami


aventura por el autana                          

artesania del amazonas

Artesanía
                                              La alfarería
Son muy pocos los indígenas que conservan la tradición alfarera, como por ejemplo los Yanomami, que hasta hace muy poco fabricaban algunas vasijas, tal es el caso de la tradicional “hapoca”, que es una olla sencilla en forma de campana sin ningún tipo de decoración, asas o patas que utilizaban para cocinar, Eran los hombres quienes la fabricaban con arcilla blanca utilizando el método del enrollado y alisado y quemándolas en piras de fuego abierto.
Textilería
Las indias mientras están en meditación como ausentes, ante un vasto mundo de juncos, lianas y raíces, con muy pocos instrumentos, son capaces de crear cordones y mecates tal es el caso de las indígenas de Río Negro que utilizan el chiquichique Leopoldina piassaba; cordones de adorno corporal , usados para atar a la cintura, brazos, pantorrillas, piernas y glúteos; incluso todavía hoy, se confeccionan los llamados “cinturones amazónicos” como el “wao” de los Yanomami, con el que atan el pene a un cordel de hilos de algodón que rodea la cintura.
Entre las pocas prendas de uso que todavía se tejen en Amazonas están los guayucos hechos con hilos de algodón, que varían de tamaño y forma de acuerdo al grupo étnico, como la “ramopotima”, guayuco femenino Yanomami cuya parte posterior es un haz de cabos de algodón que forma un arco sobre los glúteos, y la anterior hecha con una serie de hilos que caen como flecos sobre el pubis.
Los Ye’kuana tejen una especie de delantal que utilizan las jóvenes en el rito de paso de la infancia a la adolescencia, llamado “muwaaju”, éste presenta una interesante adaptación de materiales no autóctonos como la mostacilla, tejida en un telar en forma de arco, el cual se construye con dos trozos de bejuco grueso atados fuertemente por los extremos, para que el lado arqueado pueda mantener la tensión necesaria que requiere una urdimbre en cuya trama se insertan las pequeñas cuentas de vidrio, de colores azul, blanco y rojo, principalmente. El telar y huso también lo utilizan las Ye’kuanas en el tejido de las bandas de algodón que usan las mujeres indígenas para cargar a los niños mientras realizan sus actividades cotidianas.
En cuanto a los chinchorros, enser colgante de origen indígena diseñado para el sueño, el descanso, el amor y la muerte. Los Yanomami los hacen rudimentarios con un haz descortezado del bejuco mamure Hetoropsis spruceana. Los Guahibos trabajan con la fibra de la palma de cumare.
Cestería
Además de preceder a la alfarería, es anterior a todo trabajo de cuerdas y telar. De acuerdo con cada cultura, las técnicas de tejido se adecúan directamente al tipo y característica del material con que se cuenta. Algunos grupos tienden a preferir ciertos procedimientos sobre otros, lo cual agrega un sentido de pertenencia étnica a cada objeto; tal es el caso de las cestas de chiquichique tejido en espiral, característica de los Kurripaco del Río Negro; o las de bejuco mamure trenzado de los Ye´kuana y Yanomami, tan diferentes entre sí a pesar de usar similares técnicas y materiales. Entre los Ye´kuana cabe señalar la excelencia del tejido de los “wuwa” comercial, hecha por las mujeres a partir de una cesta tradicional de carga, a la que han incorporado elementos decorativos de carácter simbólico.
En nuestros indígenas, la variedad de cestas utilitarias es inmensa, así tenemos por ejemplo: esteras, sopladores, petacas, nasas, cedazos o manares, guapas, catumares, sebucanes, mapires y guaturas. Aunque sus formas se relacionan con el uso, no podemos decir que lo utilitario contradiga sus cualidades estéticas.
Cestería Yanomami
Los Yanomami tejen cestas de carga y platos con bejuco mamure o masimasi, descortezado y dividido en finas tiras, la principal cesta de carga Yanomami es la guatura o wii, tejida generalmente por las mujeres para transportar diversos productos agrícolas. El tejido del wii suele ser muy tupido y se realiza con la técnica del trenzado. El cuerpo de esta cesta se refuerza internamente con una serie de aros de mamure, para dar a su estructura una mayor consistencia. El wii tiene además, una serie de asas alrededor de la circunferencia del borde superior y dos asas en la parte inferior.
El mapire es también una cesta de carga de forma cilíndrica y tamaño variable, generalmente fabricada por los hombres con mamure descortezado, moriche y platanillo, en tejido cruzado.
Las guapas o xotokehe: son grandes cestas utilizadas como platos para colocar frutas, pescado, carne y otros alimentos. Al igual que los cedazos funerarios, estas cestas se tejen con las misma fibra, técnica y diseño decorativos del wii.
Los xohema o shulema: sopladores para avivar el fuego, ventilar y espantar insectos.
Al terminar de tejer, las cestas se pintan con onoto y adquieren así un color rojizo, al secar, las superficies son decoradas con dibujos geométricos de carácter simbólico tales como círculos, puntos, líneas ondulantes, entrecruzadas o rectas, hechos con carbón.
Cestería Kurripaco
Se distingue porque utiliza la fibra del chiquichique que constituye uno de los materiales de mayor resistencia al agua, por lo que es reconocida mundialmente para la fabricación de mecates para anclaje de barcos de gran calado e instrumentos de limpieza de alta durabilidad, como cepillos y escobas industriales. Empleando esta fibra vegetal, los Kurripaco tejen sebucanes o tinulipe, manares o dupitsi, guapas o wayára, cestas cilíndricas de base plana o búdaka, cestas cilíndricas de carga o mucutú y sopladores o guipada.
Madera
En los húmedos territorios del Amazonas cuya sobreabundancia vegetal desborda de misterio los poblados, encontramos talladores indios. De acuerdo con sus costumbres, ningún objeto fabricado está destinado a perdurar, pues la naturaleza regala las materias y todo lo que se va desgastando con el tiempo y el uso, se descarta o adquiere una nueva utilidad. Por esto conocemos poco de los antiguos objetos artesanales tan solo hemos visto los canaletes áparo o arú tallados por los extintos Baré, de ellos se decía que estaban hechos por los terribles hombres-sapo. Según el mito, a mediados del mes de julio, aprovechando que la selva se cubre con una densa capa neblinosa, salían de sus escondites unas criaturas mitad hombre, mitad sapo, que remontaban el río en rápidas curiaras, asaltando y exterminando con sus canaletes en forma de lanza a todos cuantos encontraban a su paso.
En casi todos los poblados indígenas se usa la madera para la fabricación de objetos necesarios para la sobrevivencia, tales como cerbatanas, arcos, flechas, dardos y carcaxes, por señalar sólo unos pocos, elaborados con maderas provenientes de las más variadas especies de palmas o con el tallo leñoso de las cañas y el bambú.
Hay comunidades que se distinguen por el tipo y calidad de sus objetos. Tal es el caso de los Ye´kuana, pueblo de navegantes y constructores de curiaras y canaletes, en cuyo territorio y particularmente en las inmediaciones de los bosques de galería de los ríos Caura, Padamo y Erebato, abundan árboles gigantescos, necesarios para la fabricación de estas embarcaciones hechas con un sólo tronco. Para construirlas vacían su interior hasta obtener la forma oval característica, la superficie exterior se desbasta con hachas y machetes de metal, hasta que el casco queda liso y de un grosor uniforme. La curiara se ensancha poco a poco, con la ayuda del fuego en un proceso lento y minucioso, se van quemando pequeños tramos; a medida que el fuego avanza abriendo los espacios, se insertan travesaños para evitar que la madera se encoja al enfriarse, inmediatamente se colocan las tablas que servirán de asiento. Luego de calafateada con una resina vegetal, llamada peramán, la curiara estará lista para la navegación. Sus canaletes o remos, generalmente de forma acorazonada, se tallan en maderas duras y se decoran con diseños geométricos, pintados en rojo y negro. Cuando las curiaras son desechadas como embarcaciones, se colocan sobre dos horquetas y se usan para conservar la pulpa de la yuca recién rallada, lavar ropa o almacenar bebidas fermentadas que consumen en fiestas y ceremonias sagradas.
Entre los muchos objetos del ajuar doméstico indígena asociados al procesamiento de la yuca amarga, están los singulares ralladores, los cuales fueron un producto de gran distribución comercial, principalmente entre las comunidades indígenas de los Ye´kuanas, Kurripaco y Baniva. La minuciosa técnica de su fabricación se inicia con la preparación de una madera plana o cóncava; en ella solían incrustar minúsculas y agudas astillas de piedra que fijaban a la tabla con peramán, actualmente los “dientes de piedra se han ido sustituyendo por diminutos triángulos metálicos confeccionados con la hojalata proveniente de contenedores de aceite o latas de cerveza desechados. Este cambio ha hecho desaparecer la antigua disposición geométrica de las piedras con las que creaban diseños de peculiar sutileza.
Los bancos tallados en madera fueron para algunas culturas indígenas un signo de rango y sabiduría. Se los consideraba, a la par de las maracas y los bastones sonajeros, como una de las herramientas más importantes del poder shamánico. Fabricados como asiento jerárquico en la conmemoración de eventos religiosos, eran luego destruidos junto a otros objetos que conformaban el ajuar ceremonial. Solían tener formas cóncavas y ovaladas representando a veces animales de la fauna sagrada. Al convertirse en objetos comerciales, los bancos ceremoniales han ido perdiendo su carácter religioso, es así como los Ye´kuana, Piaroa y Piapoco, han organizado talleres de fabricación de bancos destinados a la venta, la pérdida del sentido original ha permitido el cambio de las formas, dimensiones y motivos decorativos tradicionales. Igual suerte han corrido las antiguas armas sagradas y los bastones sonajeros tallados en madera, que distinguían el rango de su portador, marcando el paso de las danzas rituales, los cuales han sido absorbidos por el comercio artesanal de “souvenirs”.
Actividades Tradicionales
Durante los meses de Mayo, Junio y Julio, con la llegada de las lluvias los diferentes grupos indígenas celebran con danzas y fiestas según la costumbres de cada uno.

miércoles, 1 de junio de 2011

gastronomia del amazonas

Describiremos aquí algunos de esos platos típicos de nuestro querido estado:

Pisillo de Pescado
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 Plato elaborado con diferentes especies de peces, desmenuzado y aliñado con cebollas, ají dulce y cilantro.




 Elaborado a base de yuca amarga, se presenta como un excelente acompañante de todos los platos, en especial el pescado.

              Payara Asada










Plato típico muy popular, especialmente durante verano, alcanzan un peso de hasta 12 kg, además de asada, se puede preparar de distintas formas: frito, en sopa, horneado, etc.


      La "Yucuta"



Es la bebida emblemática por excelencia. Se obtiene de poner en remojo el "Mañoco" con agua, con lo que se obtendrá una excelente bebida refrescante
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          Ajicero de Pescado

 






 Cualquier especie de pescado, es buena para preparar el "Ajicero". Eso sí: ¡Con mucho ají picante!

         Yuca








Materia prima de algunos platos amazonenses. La yuca es cultivada en nuestro estado, en particular por los indígenas que habitan estas tierras.

martes, 31 de mayo de 2011

fotos del amazonas


Plaza en Puerto Ayacucho donde los indigenas venden su artesania. Estado Amazonas

Plaza donde se vende artesana indïgena (Puerto Ayacucho)
 






               El amazonas


Tobogan de la selva, Estado Amazonas.                   Tobogan de la selva (Puerto Ayacucho)



                    Chozas del el amazonas

Salto Angel                Salto del angel



Aponwao                         Aponwao


Foto de Amazonas                    Amazonas


Foto de Amazonas                      Calles del Amazonas


Foto de Amazonas                    Atardecer en el Amazonas


Foto de Amazonas                   Rios del Amazonas


Foto de Amazonas                  Iglesia Amazonas


Foto de Amazonas                      Plaza del Amazonas


Foto de Amazonas                      Casas del Amazonas

Foto de Amazonas                  Turista en el Amazonas

 











sábado, 28 de mayo de 2011

Municipio Maroa

Municipio Maroa
El municipio Maroa es uno de los siete municipios en los que se divide administrativamente el estado Amazonas, cuya capital es la localidad de Maroa, posee una superficie de 13.802 km² y una población de 8.181 habitantes según el INE 2001 lo que representa una densidad de 0,65 hab./km². Su capital (también llamada Maroa) se encuentra en las coordenadas N2 43 00.3 W67 32 59.9

Historia
El Municipio Maroa fue constituido como tal en 1994. Se encuentra localizado al sudoeste del Estado Amazonas, en la República Bolivariana de Venezuela, con una extensión de 14.250 km², limitado al norte con el Municipio Atabapo y al sur con el Municipio Río Negro, al este con el Municipio Atabapo y al oeste con la República de Colombia. Desde el año 2006 cambio su nombre a Municipio Guainía, manteniendo su capital Maroa.
La Capital "Maroa" fue fundada el 19 de septiembre de 1760, por el Cacique Maruwa, de quien se deriva su nombre. La diversidad de especies silvestres, tales como: plantas, hongos, aves, y animales en general, son de una complejidad y belleza exótica bastante interesante, de las cuales muchas son conocidas y otras no, pero que se engloban en el mundo vegetal y en la fauna, propias para el atractivo turístico del Municipio.
Maroa la capital de las amazonas La existencia de microclimas y la zona de selva tropical (lluviosa) son fenómenos naturales que presentan valores de precipitación que alcanzan los 3.500 mm. En esta selva podemos observar desde las más pequeñas Bromelias, hongos, orquídeas y la "Flor de Maroa", hasta los gigantescos árboles de unos 30 a 45 m de altura y de 2 a 3 m de diametro, entre los que podemos mencionar "el yebaro", "mure", "parature", "jabua", "laurel", "palo Brasil" entre otros.
En el Municipio Maroa habitan aproximadamente unas 640 especies de aves y las más comunes son: Loros, Guacamayas, Tucanes, Pericos, Garzas, Grullas, etc.
Otras especies de la fauna silvestre que se pueden destacar son: Danta, Lapas, Venados, Ardillas, Baquiros o Jabalies, Cachicamos, Monos, Osos Hormigueros, Cunaguaros, entre otros. También se consiguen peces tales como: Bagre, Pavones de gran tamaño, Bocachicos, así como algunos Quelonios y Babas o caimán del Orinoco. En este mundo ecológico de maravilla, existen otros contrastes y atractivos como lo es le "Reserva de Biósfera Guainía-Casiquiare-Rio Negro", considerada la más inmensa de Sudamérica
Turismo
El balneario Tiriquin que se encuentra al sur del municipio, es ideal para las caminatas en la selva, la pesca y el turismo ecológico.
Continuando con los balnearios, no podemos olvidar el de Bocachico ubicado a 15 minutos de la población de Maroa, muy llamativo por el color de sus aguas oscuras y la fría temperatura que esta presenta dándole un toque especial a este balneario en el cual las personas van a disfrutar los fines de semana de un merecido paseo, alojándose en sus grandes y hermosas churuatas.
Los raudales el Venado, el de san Miguel, el caño Ichari, y la isla del Amor. Todos estos importantes por ser aptos para el relax de actividades como la pesca y la observación e investigación de los petroglifos de la zona.
 
                                                      Río Tiriquin

Maroa
Maroa es una película de España y Venezuela dirigida por Solveig Hoogesteijn en 2004, y protagonizada por Tristán Ulloa, Yorlis Domínguez, Elba Escobar, Luke Grande.
Solveig Hoogesteijn es la directora de esta historia de supervivencia protagonizada por Tristán Ulloa y Yorlis Dominguez, una niña de clase muy humilde que acudió al casting por prescripción de un psicólogo y que pronto se ganó el papel, quizá por su similitud con Maroa. La desesperanza derrotada, la existencia de una posibilidad para salir de la miseria y las inquietudes de niños condenados a no tener futuro, tan abundantes en las grandes ciudades, son los temas sobre los que gira esta coproducción hispano-venezolana.

Sinopsis
Maroa es una niña de once años que vive en un suburbio de Caracas, entre la cursi telenovela "Delirios de amor", una vecina que se gana la vida vendiendo crack, las groserías de los borrachos y tiros y peleas nocturnas. Impetuosa y decidida, superviviente en un ambiente de miseria, la vida de Maroa parece no tener futuro hasta que escucha un clarinete. A partir de ese momento, la pasión por Mozart y la educación que le ofrece un músico abrirán nuevas expectativas a la joven Maroa